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31 diciembre 2014

Razas puras autóctonas de conejos

La cunicultura industrial se inició en España a finales de la década de los años 60 del siglo XX. En aquella época predominaban las granjas familiares, con notable presencia de ejemplares de la denominada raza “conejo común o del país” – hoy descrita por ASEMUCE como Antiguo Pardo Español – ocupando corrales y cobertizos, con los conejos instalados en jaula de madera o de obra, alimentados con forrajes verdes, secos y restos de comida (pan, cortezas de melón o sandía, zanahorias y algunas frutas).

El primer paso hacia la industrialización fue alojar a los conejos en jaulas metálicas con miras a obtener una mejora en base a:

  • Facilitar el manejo
  • Controlar las producciones
  • Mejorar la sanidad

Las pequeñas granjas familiares, gracias a estas mejoras, se fueron ampliando pasando de 5-10 conejas a más de 50 reproductoras. Surgieron nuevas granjas cunícolas con poblaciones de 100 a 300 hembras. Se introdujo la alimentación racional con piensos, se establecieron planes sanitarios (vacunación de mixomatosis, prevención de coccidiosis, limpieza y desinfección de nidales y equipos, etc.).

Junto a la raza “Antiguo Pardo Español” que se explotaba principalmente, las granjas adquirieron razas de tamaño mediano de capa blanca (Neozelanda y California), de color (Leonado de Borgoña y Chinchilla) y en algunos casos incluso razas de tamaño grande (Gigante de España y Gigante de Flandes) entre otras razas. La anarquía de cruzamientos fue considerable durante la década de los años 70 (s.XX) y los conejos de la raza “Antiguo Pardo Español”, fruto de estos cruces, originaron variedades quedando relegados a persistir en las pequeñas granjas rurales y familiares quienes, en muchas ocasiones, también adquirieron ejemplares de otras razas para su cruzamiento.

Durante este período se creó ASESCU (año 1977) y los técnicos de la Asociación Española de Cunicultura decidieron no fomentar los concursos de razas puras e incentivar las producciones a base de cruzamientos fuera cual fuere la apariencia externa de los animales. Se primó la explotación de animales de tamaño mediano y, dentro de la cabaña existente, se consideraron más productivas las razas de capa blanca.

En España se consumía carne de conejo en hogares rurales, pueblos y restaurantes de carretera los fines de semana (consumidores urbanos). El consumo de carne de conejo era mínimo no llegando ni a 1Kg por habitante y año. En las ciudades difícilmente se podía comprar conejo y menos degustar su exquisita carne en los restaurantes. Con este panorama, se pensó que anulando los concursos se evitaría asociar al conejo de carne con las mascotas y que primando producciones, junto a campañas de promoción se conseguiría incrementar el consumo de carne de conejo.

A finales de la década de los años 70 e inicios de la década de los 80 (s.XX) se introdujeron en España los híbridos que provenían de Inglaterra (Norfolk) y Francia (Solam-Solaf), a los que siguieron: Elco, Zika, Hyla, Hycole, Hyplus, Genia, etc. Estos animales, más productivos, fueron desplazando a los cruzados y/o se cruzaron con ellos predominando, cada vez más, las capas blancas. La mejora genética de los híbridos se evidenciaba con la velocidad de crecimiento de los gazapos y este fue el principal motivo de que se fueran descartando los cruzados ya que los cunicultores observaban que los gazapos se vendían antes (al crecer más rápido) y que mejoraban la conversión (pienso-carne).

Con la irrupción de las líneas sintéticas (híbridos) creadas por el IRTA y UPV y con la técnica de la fertilización asistida, prácticamente todas las granjas industriales españolas solo explotan conejos híbridos.

Actualmente y desde hace más de 5 años, la cunicultura española no ha crecido en cuanto a su cabaña y tampoco se ha visto incrementado el consumo de carne de conejo. Los cunicultores perciben poco dinero por su Producto Bruto que suele estar por debajo del costo de producción. Los que resisten y persisten es porque no estiman amortizaciones ni gastos financieros y, en la mayoría de casos, estiman su ganancia en el Margen Bruto.

Ante este panorama ASEMUCE (Asociación de Seleccionadores y Multiplicadores de España), miembro de FEAGAS (Federación Española de Asociaciones de Ganado Selecto) se propuso como objetivo la recuperación de las razas de conejos autóctonas y no albinas con la finalidad de mantenerlas (creando núcleos productivos controlados) y mejorarlas (con un esquema de mejora) para poder fomentar los concursos raciales en distintas ferias y poder ofertar al mercado una carne de conejo diferenciada (ojo oscuro, textura, sabor, etc.), que se volviera a criar en granjas familiares y con la posibilidad de ofertar un producto de proximidad y ecológico.

ASEMUCE no se ha motivado por una nostalgia del pasado sino por una estudiada necesidad frente a la crisis económica actual. Países como Italia y Francia, grandes consumidores de carne de conejo, nunca han dejado de explotar razas puras y de fomentar concursos morfológicos.

Estos núcleos ya se han empezado a crear por toda la geografía española y están sujetos a un plan de mejora controlado por ASEMUCE, siguen un programa de profilaxis común y alimentan a los conejos con unos piensos especialmente recomendados sin aditivos medicamentosos.

Para que este producto diferenciado tenga salida al mercado y sea competitivo, ASEMUCE presentó en el año 2012 un requerimiento al MAGRAMA (Ministerio de Agricultura del Estado) para que, igual como se practica en Francia e Italia, los conejares familiares puedan sacrificar los conejos en la propia granja y los puedan comercializar directamente sin recoveros, mataderos ni distribuidores. Un ahorro considerable en la cadena comercializadora que conseguiría ofertar al consumidor un producto de alta calidad a un precio muy competitivo dejando una disponibilidad económica suficiente al productor.

El proceso ya lleva casi 5 años en marcha y solo queda que el MAGRAMA reconozca oficialmente, de entrada, las razas ANTIGUO PARDO ESPAÑOL y GIGANTE DE ESPAÑA. Si este proyecto tiene éxito, ASEMUCE intentará salvar y mantener otras razas en peligro de extinción y a buen seguro que desde las distintas CCAA (Comunidades Autónomas) podrán surgir iniciativas en el mismo sentido como la que ya nos consta está llevando a cabo la CCAA de Baleares para el reconocimiento de la raza CONEJO IBIZENCO.

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