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4 abril 2016

BIOCOMBUSTIBLES: de la globalización a la desertización.

“No hay agricultura sin ganadería” profetizó un ministro de agricultura de Franco. Se supone que “no hay ganadería sin agricultura” y al paso que vamos no habrá ganadería y si agricultura. Frases para que un filósofo nos descubriera el silogismo, si lo hay.
Analicemos las frases.
“No hay agricultura sin ganadería”. El desarrollo de la ganadería, que consume productos del campo, garantiza la actividad agrícola. Pero la ganadería se desarrolla cuando hay demanda y cuando las producciones son rentables. La rentabilidad de las producciones responde a varios factores pero hay dos fundamentales: el precio de Lonja y el costo del alimento. Si el alimento, formulado a base de productos del campo, se encarece y el precio de Lonja tiende a la baja… de rentabilidad, poca.
“No hay ganadería sin agricultura”. Todo el ganado consume, a través de los piensos y forrajes, productos del campo. Es, por lo tanto, imprescindible la agricultura para la actividad productiva ganadera. Pura lógica.
“No hay ganadería y si agricultura”. Cuando la actividad agrícola que produce productos para el consumo animal los orienta hacia usos industriales, los alimentos para el ganado suben de precio. Si se encarece la producción de carne, lógicamente también deberían subir sus cotizaciones en Lonja y repercutir con una subida de precio en el mercado. La realidad nos demuestra que suben los piensos, al productor no le pagan más y el consumidor cada día come menos carne y más cara. La ganadería se acaba.
Ni más ni menos. El agricultor se frota las manos porque el campo vuelve a tener futuro. Los productos cultivados para la alimentación animal tienen demanda y a mejor precio. Los fabricantes de bioetanol demandan la producción y la pagan como mínimo un 50% más cara que la pagaban los fabricantes de piensos para el ganado. No debemos obviar las importaciones de cereales de los mercados asiáticos y las especulaciones de algunos mayoristas en este aumento de precio.
Pero si hasta hoy las gramíneas y leguminosas forrajeras se importaban, porque nuestro país ha sido deficitario en cuanto a la producción agrícola destinada al consumo animal, por más que la demanda de bioetanol incremente y por más campos que se cultiven recuperando barbechos y eriales para satisfacer la demanda de este “nuevo” combustible… más dependeremos del exterior.
En Brasil, desde hace décadas, casi la mitad del combustible utilizado para la tracción mecánica está obtenido de la caña de azúcar. Esta gramínea industrial no compite con la alimentación animal. ¿Por que no se potencian las producciones de este tipo de cereales y en cambio se incentivan las producciones de gramíneas y leguminosas que si compiten con la alimentación animal?
Y, ¿hasta cuando? Hasta que la ganadería este diezmada y sea difícil su recuperación en Europa. De la misma manera que la tracción mecánica dejó sin interés la tracción animal, el cereal servirá para alimentar automóviles en lugar de alimentar animales.
Y, repito ¿hasta cuando? Hasta que los poderosos lo decidan. Cuando hayan logrado los objetivos no conseguidos con las dioxinas de los pollos, la glosopeda de los cerdos y la encefalopatía en el vacuno… no pararan de castigar al sector ganadero de producción.
Pero el maíz también se usa en alimentación humana y en América latina es el pan del pueblo. Un producto que, día a día, se va encareciendo y desestabilizará programas sociales de algunos gobiernos.
¿Cuando a los poderosos les ha importado la desestabilización o simplemente la han propiciado? Hay políticas que solo están al servicio de unos pocos y que hoy juegan a globalizar a expensas de desertizar.

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